El azúcar es una sustancia imprescindible para que el cuerpo humano tenga la energía necesaria para desempeñar el complejo entramado de labores que realiza cada día. Pero es sumamente importante saber cuál es la cantidad recomendada en cada etapa de la vida y según las características de cada persona. Como es lógico, los bebés que se alimentan con lactancia materna exclusiva no requieren de azúcar adicional para completar su alimentación. Pero una vez que comienzan a incorporar otros alimentos a su dieta, pueden sumarse algunos azucarados.

Hablamos, por ejemplo, de las frutas, muy recomendable, además, por su aporte de vitaminas y fibra. Algunos padres añaden azúcar a las papillas de frutas de los bebés, de modo que tengan mejor sabor. Esta práctica no es beneficiosa en absoluto, ya que los niños deben acostumbrarse a las texturas y los diferentes matices que provocan estos alimentos en el paladar. Un truco: la fruta hervida resulta más dulce.

Tipos de azúcar

En el caso de los yogures, es preferible optar por aquellos especialmente formulados para los pequeños. Pero, si en algún momento hay que recurrir a los habituales, es mejor echar mano de tipo de azúcar más saludable para los bebés: el integral de caña. Y es que esta variedad incluye el complejo vitamínico B y los minerales que incorpora la caña de azúcar. Por su parte, el azúcar blanco y el moreno no son más que una fuente de sacarosa. En cualquier caso, la moderación ha de ser la pauta que guíe a los padres en la incorporación del azúcar a la dieta del niño.

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Son muchos los expertos que alertan del exceso de azúcar que añaden las corporaciones alimentarias a los productos elaborados. Teniendo en cuenta las peligrosas cifras que han puesto de relieve numerosos estudios en este sentido, lo más prudente es examinar las etiquetas de estos artículos. Los cereales para el desayuno y los potitos suelen contener más azúcar del deseable. Por ello, los nutricionistas aconsejan comprar cereales integrales, sin azúcares añadidos, y preparar papillas caseras siempre que sea posible.

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Respecto a las galletas y los chocolates, es de sobra conocido el gusto innato que tienen los bebés por estos alimentos. No hay problema en dárselos al niño de vez en cuando, pero es perjudicial incorporarlos a los menús habituales. Y nunca deben darse como premios para lograr que el pequeño coma el resto de los platos.

Cómo regular la cantidad de azúcar que toma un bebé
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