El dulce olor de los bebés

El dulce olor de los bebés

Seguramente si has sido padre o en tu familia han nacido bebés, recuerdas el dulce e incomparable olor de los bebés en sus primeros momentos de vida. El aroma que desprende un recién nacido es, sin duda, uno de los más agradables que nuestro olfato puede ‘gestionar’. Este hecho, ¿es una cuestión únicamente inducida por la ternura que nos produce el bebé?¿hay razones científicas que expliquen por qué nos gusta tanto como huelen los bebés? Pues sí, efectivamente las hay.

 

Un estudio (http://journal.frontiersin.org/article/10.3389/fpsyg.2013.00597/full ) muestra que el olfato es esencial a la hora de estrechar los vínculos afectivos, no sólo del pequeño hacia su mamá, sino también de ésta al bebé. Científicos de la Universidad de Montreal probaron que las reacciones biológicas que se producen en el cerebro de mujeres (madres o no) al sostener a un recién nacido y oler su particular aroma son similares a las que se establecen, por ejemplo, cuando una persona come tras un periodo prolongado de privación de alimento.

 

Es decir, el olor del bebé crea una respuesta emocional en las personas muy parecida a la que experimentan tras recibir una determinada recompensa psicológica en una fase de aprendizaje. En el caso de las mujeres que ya habían sido madres, los científicos responsables del estudio comprobaron que el contacto con el aroma de ropita de bebé disparaba los niveles de un determinado neurotransmisor, la dopamina, que está íntimamente asociado al sistema del placer del cerebro.

 

En el caso de las mujeres objeto de estudio que no habían sido mamás anteriormente, la exposición al olor de un bebé en prendas de ropa provocaba la activación de un mecanismo de respuesta, similar al que nuestro cerebro experimenta cuando es recompensado ante una tarea aprendida o un deseo satisfecho.

 

Precisamente, durante el embarazo casi siete de cada diez madres reconocen que su olfato se agudiza, en virtud del aumento de los niveles de progesterona y estrógenos que produce su organismo. En este sentido, el olor de un recién nacido es un mecanismo natural para incentivar el deseo de por sí natural que los seres humanos tenemos de cuidar y proteger a un bebé.

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