Las carnes en la dieta del bebé

carnes en la dieta del bebé

Una vez que el bebé haya aceptado e incorporado con normalidad las papillas de verduras, podremos ir introduciendo las carnes en su dieta. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todas las carnes son igual de recomendables, en virtud de sus características y del grado de desarrollo del aparato digestivo del bebé.

Además, has de considerar aquellos que, por su sabor y textura, tienen menos ‘posibilidades’ de ser rechazados por el pequeño.

Las carnes en la dieta del bebé

Introducir nuevos alimentos en el día a día de nuestro bebé es un proceso progresivo en el que conviene ser paciente. Has de tener en cuenta que las carnes tienen un sabor intenso y, en ocasiones, una textura que puede resultarle extraña al bebé. Por eso has de observar una serie de pasos. A partir de los seis meses puedes ir probando a aportar las primeras porciones de carne en sus papillas y potitos.

El aporte de proteínas, vitaminas y minerales resulta esencial para el desarrollo del bebé, para reforzar su sistema inmunitario, tejidos o cicatrización. Estos son algunos de los ejemplos de carnes que puedes incluir en la dieta en estos primeros estadios.

-          Pollo y pavo: El pollo es una de las primeras carnes que se introducen en la dieta del bebé. Al igual que el pavo, el pollo es una carne de textura suave y, especialmente la pechuga y el muslo (sin piel, eso sí), baja en grasas.

-          Cordero: Te recomendamos que, en el momento que veas que el pollo o el pavo no es rechazado y no produce reacciones en el bebé, pruebes con el cordero.

-          Conejo: El conejo tiene dos ventajas fundamentales. Por un lado, es una carne muy suave y fácil de digerir. Por otro lado, estamos ante la que es, probablemente, una de las carnes más bajas en grasas. A la hora de incorporarlo a las papillas del bebé, has de tener cuidado con la infinidad de pequeños huesecitos que tiene la carne de conejo.

Pese a que no hay una norma escrita acerca de la introducción en la alimentación de los bebés del cerdo o la ternera, lo ideal es esperar alrededor de los diez meses o el año. Por un lado, para ver cómo tolera nuestra hija o hijo las carnes blancas. Por otro, porque has de tener en cuenta que estamos ante carnes más grasas y de sabor más intenso.. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no todas las carnes son igual de recomendables, en virtud de sus características y del grado de desarrollo del aparato digestivo del bebé.

Además, has de considerar aquellos que, por su sabor y textura, tienen menos ‘posibilidades’ de ser rechazados por el pequeño.

Las carnes en la dieta del bebé

Introducir nuevos alimentos en el día a día de nuestro bebé es un proceso progresivo en el que conviene ser paciente. Has de tener en cuenta que las carnes tienen un sabor intenso y, en ocasiones, una textura que puede resultarle extraña al bebé. Por eso has de observar una serie de pasos. A partir de los seis meses puedes ir probando a aportar las primeras porciones de carne en sus papillas y potitos.

El aporte de proteínas, vitaminas y minerales resulta esencial para el desarrollo del bebé, para reforzar su sistema inmunitario, tejidos o cicatrización. Estos son algunos de los ejemplos de carnes que puedes incluir en la dieta en estos primeros estadios.

-          Pollo y pavo: El pollo es una de las primeras carnes que se introducen en la dieta del bebé. Al igual que el pavo, el pollo es una carne de textura suave y, especialmente la pechuga y el muslo (sin piel, eso sí), baja en grasas.

-          Cordero: Te recomendamos que, en el momento que veas que el pollo o el pavo no es rechazado y no produce reacciones en el bebé, pruebes con el cordero.

-          Conejo: El conejo tiene dos ventajas fundamentales. Por un lado, es una carne muy suave y fácil de digerir. Por otro lado, estamos ante la que es, probablemente, una de las carnes más bajas en grasas. A la hora de incorporarlo a las papillas del bebé, has de tener cuidado con la infinidad de pequeños huesecitos que tiene la carne de conejo.

Pese a que no hay una norma escrita acerca de la introducción en la alimentación de los bebés del cerdo o la ternera, lo ideal es esperar alrededor de los diez meses o el año. Por un lado, para ver cómo tolera nuestra hija o hijo las carnes blancas. Por otro, porque has de tener en cuenta que estamos ante carnes más grasas y de sabor más intenso.

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