Hipoglucemia en bebés prematuros

hipoglucemia en bebés prematuros

La hipoglucemia en bebés prematuros es un problema que se produce más habitualmente de lo que podría pensarse y al que hay que procurar encontrarle solución para atajarlo lo más pronto posible. Al igual que en el caso de los adultos, la glucosa es imprescindible para generar energía, fundamentalmente para favorecer el desarrollo y funciones cerebrales. Antes de que el pequeño nazca, la placenta es la que le sustenta de esta fuente de energía. Una vez que el pequeño ha llegado al mundo la leche materna le aporta la mayor parte de la glucosa que requiere.

Si la alimentación del pequeño es insuficiente, consume más glucosa de la que recibe o genera o tiene elevados niveles de insulina en sangre, los niveles de glucosa caen. De acuerdo con los expertos, 1 de cada 1.000 recién nacidos presentan estos problemas. Además de los bebés nacidos de madres diabéticas o con hipotiroidismo, los nacimientos prematuros son los que más complicaciones suelen presentar a este respecto.

Síntomas de la hipoglucemia en bebés prematuros

En ocasiones, la hipoglucemia en bebés prematuros es asintomática y es detectada mediante análisis de sangre. Cuando sí presenta síntomas, estos suelen ser desgana en el bebé, problemas digestivos, convulsiones, bajada en la temperatura corporal, palidez en la piel, mal tono muscular…

La Organización Mundial de la Salud recomienda tratar de inmediato los problemas de hipoglucemia en los bebés prematuros ya que puede derivar, especialmente en niños con malnutrición, daños cerebrales graves e incluso la muerte. La OMS recomienda administrar glucosa o sacarosa al niño si éste puede beber (siempre bajo la supervisión y siguiendo las instrucciones del especialista).

Tratamiento de la hipoglucemia en bebés prematuros

En la medida de que no es posible prevenir la hipoglucemia en recién nacidos, entidades como la Facultad de Medicina de la Universidad de Chicago recomiendan ponerse en manos del especialista lo antes posible. En este caso, el tratamiento siempre dependerá del historial y estado de salud global del bebé, de la gravedad de la enfermedad y prontitud en la reacción, las expectativas y la manera en la que el bebé responde a determinados tratamientos.

El tratamiento puede ir desde administrar al pequeño una fuente de glucosa (a través de la leche, por ejemplo) de efecto rápido a hacerlo por vía intravenosa. No obstante, aunque mejoren los síntomas del pequeño, deberá estar sometido a vigilancia más o menos intensiva durante el tiempo que considere el especialista.

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