La inflamación intestinal en bebés prematuros

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La inflamación intestinal en bebés prematuros es más habitual de lo que puede pensarse, por lo que es necesario extremar las precauciones y actuar rápido en cuanto se tenga la más mínima sospecha de que el pequeño está enfermo. En general, el bebé prematuro suele tener diferentes problemas de tipo digestivo, los más comunes los de alimentación, ya que pueden presentar dificultades para succionar la leche materna o coordinar la deglución.

 

La inflamación intestinal en los bebés prematuros puede favorecer que bacterias se introduzcan en el abdomen del bebé y creen infecciones. No en vano, los expertos consideran que la enterocolitis necrosante es la causa de muerte del 15% de los bebés extremadamente prematuros y de bajo peso.

 

La enterocolitis necrosante sucede cuando el recubrimiento de las cavidades intestinales muere y el tejido cae. Los expertos no coinciden en la razón que causa esta enfermedad. La falta de flujo sanguíneo hacia el estómago o el efecto de las bacterias presentes en el intestino en unas cavidades estomacales aún no completamente desarrolladas pueden estar detrás de esto.

 

Por suerte, la gran mayoría de casos de inflamación intestinal en bebés prematuros se desencadenan cuando los pequeños aún están en el hospital, lo que facilita tanto el diagnóstico como el tratamiento. No sólo los bebés prematuros tienen alto riesgo de sufrir estos problemas. También los pequeños que se alimentan de leches maternizadas, pequeños en zonas donde se ha producido un brote o que han sido objeto de transfusiones de sangre tienen probabilidades de desarrollar una enterocolitis necrosante.

 

Los síntomas que pueden servirnos como alerta son la distensión abdominal, heces sanguinolentas y diarreas, intolerancia alimentaria, nauseas y vómitos, cambios súbitos en la temperatura corporal, somnolencia…

 

La tasa de mortalidad de este tipo de inflamación intestinal, especialmente en el caso de los bebés prematuros, es de un 25%. En este caso, la rapidez en la detección, verificación del diagnóstico e inicio del tratamiento es esencial. Cuando el especialista sospeche estar ante esta dolencia, se parará la alimentación y se procederá a la extracción de los gases estomacales; además se comenzará la terapia mediante antibióticos que se complementará con una monitorización exhaustiva del estado de salud del bebé mediante radiografías o exámenes de sangre.

 

En caso de que se produzca la peritonitis, puede ser necesaria una intervención de tipo quirúrgico. Una vez que se mitiga la infección y ésta desaparece, la recuperación completa puede ser de semanas.

 

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