Embutido y bollería durante la gestación

Embutido y bollería durante la gestación

Pese a que el embarazo es un periodo en el que la mujer debería extremar el cuidado con su dieta, lo cierto es que algunos organismos coinciden en afirmar que este cuidado podría no ser suficiente.

 

El Consejo General de Dietistas y Nutricionistas de España publicaba recientemente los resultados de un estudio a partir del estudio de los casos de 14.000 mujeres de España. Esta entidad pone el acento en el hecho de que, si bien las embarazadas elevan de manera sensible el consumo de fruta y verdura en esta etapa, lo cierto es que su ingesta de bollería industrial y embutidos no baja lo que sería deseable.

 

Desde el consejo se pone de manifiesto que, incluso, cuatro de cada diez embarazadas españolas reconocen beber alcohol, cuando deberían eliminar las bebidas alcohólicas de su dieta. Este anuncio se realizó el pasado 28 de mayo, en el marco de las celebraciones por el Día Nacional de la Nutrición.

 

En lo que respecta a los embutidos, este dato es especialmente preocupante. Hay que considerar que hasta seis de cada diez casos de toxoplasmosis que se diagnostican en nuestro país están directamente relacionados con el consumo de embutidos o carnes mal cocinadas. Los riesgos de que el bebé se contagie de esta enfermedad si la mamá la contrae son demasiado elevados como para arriesgarse. Salami, chorizo, salchichas crudas, lomo… son alimentos que, sin duda, resultan deliciosos en condiciones normales pero, en los meses que dura el embarazo, es necesario que los retiremos de nuestra dieta para evitar cualquier problema. Los síntomas de la toxoplasmosis son los siguientes:

 

-          Dolor intenso de cabeza y fiebre.

-          Dolor muscular y debilidad.

-          Dolor de garganta.

-          Temblores.

-          Dificultades en la visión.

 

En lo que respecta al consumo de bollería industrial en las embarazadas, también estamos ante un grave problema. Los bollos y pasteles industriales son demasiado ricos en grasas saturadas y azúcares. Una alteración en los niveles de glucosa en la embarazada puede derivar en lo que se conoce como diabetes gestacional.

 

La diabetes gestacional afecta a hasta seis de cada diez mujeres embarazadas. Esta dolencia puede causar problemas en el bebé, como un tamaño desproporcionado al nacer, obesidad infantil o el desarrollo futuro de diabetes de tipo 2. Fatiga, sed, visión borrosa o más ganas de orinar son algunos de los síntomas que nos sirven de aviso.

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