Embarazadas y natación

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Probablemente hayas escuchado aquello de que ‘la natación es el deporte más completo’ miles de veces. Este cliché no deja de encerrar un elevadísimo porcentaje de verdad (por eso, al fin y al cabo, los clichés son lo que son). Para empezar, los expertos estiman que, por cada 10 kilos de peso y hora de actividad, un adulto puede llegar a consumir unas 85 calorías, aunque esto depende de la intensidad, peso o técnica del nadador/a. Embarazadas y natación son dos realidades perfectamente combinables.

 

Para empezar, al nadar la mamá está en un entorno relativamente protegido. La presión del agua impide que haga movimientos bruscos que puedan redundar en lesiones para ella o el bebé. Además, flotar permite liberar el peso al que la tripita de la embarazada somete a su castigada espalda.

 

Otra de las grandes ventajas es que, al ser un ejercicio de tipo aeróbico, se mejora la circulación sanguínea y la actividad pulmonar. Del mismo modo, la natación permite ejercitar tanto el tren superior como el inferior, sin el impacto sobre las articulaciones que suelen tener actividades como el running o las pesas, por poner dos ejemplos típicos.

 

¿Cuánto puedo nadar durante el embarazo?

 

Buena pregunta. Obviamente, la respuesta sería lo que te recomiende tu ginecólogo. Los expertos determinan que dos horas y media-tres horas de natación repartidas a lo largo de toda la semana (en sesiones de 40 minutos) a ritmo suave son más que suficientes. Menos incluso puede ayudarte a permanecer en perfecta forma. En cuanto a lo que se refiere al momento de la gestación en que debes abandonar el ejercicio, los expertos suelen apuntar al séptimo u octavo mes como límite para abandonar la actividad.

 

¿Qué estilo de natación desarrollo?

 

El estilo que debes adoptar para nadar es, sencillamente, el que te haga sentir más cómoda. La braza en posición dorsal y la espalda con la barriga semihundida son los estilos que, generalmente, las embarazadas suelen recomendar a la hora de practicar la natación. Es muy importante que, a la hora de ir a la piscina, siempre te introduzcas en ella por la escalera. El impacto térmico de una inmersión súbita puede ser muy perjudicial. Asimismo, debes procurar desarrollar una respiración pausada, relajada y rítmica.

 

Mantener un buen ritmo respiratorio es esencial para sacarle el máximo partido a la natación durante el embarazo, sin que resulte un ejercicio fatigoso en exceso y nos permita que las sesiones puedan extenderse durante más tiempo.

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