Los padres durante el parto

los padres durante el parto

La misión de los padres durante el parto es esencial para que éste se desarrolle de manera fluida. Esta labor va más allá de la del mero observador y ocasional apoyo. Para empezar, es esencial que en los meses y semanas previas al parto, los papás recaben información y datos suficientes como para asumir su entrada a la sala de maternidad con naturalidad y confianza. Cuando la mujer rompe aguas, es necesario que sea el hombre el que controle la intensidad y frecuencia de las contracciones que se producen. Además, será él el que se encargue de realizar todas las gestiones y ultimar los detalles pendientes (maleta, documentos,…) antes de la llegada de la embarazada al hospital.

 

Tanto en la sala de dilatación como en el paritorio, el padre tiene que implicarse a la hora de darle la mano a la futura mamá y proporcionarle apoyo, mensajes de ánimo y tranquilidad. Asimismo, tiene que estar preparado a que la mujer se muestre irascible o irritada por momentos, algo perfectamente comprensible en virtud de los dolores y el estrés a los que se ve sometida.

 

El padre durante el parto tiene que ayudar a la madre a controlar la frecuencia e intensidad de las respiraciones, tal como se aprendió en las clases de preparación al parto. En este sentido, también debe ayudar a que la mujer adopte la mejor posición en la camilla, para permitir un trabajo de ayuda a la salida del bebé. El papá, en definitiva, debe apoyar a su pareja, especialmente desde el punto de vista psicológico. Sin embargo, su labor no debe ser algo invasivo. El futuro (más bien, inminente) padre tiene que estar al lado de la madre de una manera sutil, sin poner más presión sobre los hombros de una mujer que está pasando por una de las situaciones potencialmente más estresantes que experimentará en su vida.

 

Pero si hay algo fundamental que hay que asimilar en este sentido, es la voluntariedad. Es decir, la presencia o no del padre en la sala de maternidad y en el proceso ‘físico’ de traer a su hijo al mundo es voluntaria y no debe ser forzada. Tal vez sea incluso la propia madre la que prefiera contar con el apoyo directo de su madre o hermana, por poner dos ejemplos, en lugar de la de su marido o pareja.

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