El alumbramiento

alumbramiento

La etapa del alumbramiento es la que los especialistas definen como la tercera en la que se compone el parto, después de la fase de dilatación y el periodo expulsivo. Tiene su inicio en el momento de la expulsión de la placenta, las membranas y el cordón umbilical. Su duración suele oscilar entre 10 minutos y media hora, aunque en ocasiones puede extenderse más (y menos) en el tiempo. De hecho, algunos expertos señalan que este periodo puede llegar a prolongarse hasta 60 minutos, aunque no suele ser lo más habitual.  Y es que es importante que tengas en cuenta que el parto no termina una vez que el bebé ya ha salido al exterior, todavía te queda, en este aspecto, trabajo por hacer.

 

Dos tipos de alumbramiento

 

En este caso, el alumbramiento puede ser natural, es decir, controlado por la madre sin ‘ayudas’ químicas y también dirigido. En el caso del alumbramiento dirigido, la mamá recibe un aporte extra de oxitocina por vía intravenosa, de manera que este periodo se prolongue lo menos posible y exista un menor riesgo de hemorragia. Esta hormona también es importante en el proceso de dilatación cervical anterior al parto, así como en la recuperación de la zona uterina.

 

Cuando se produce la bajada del cordón umbilical por la vulva, es señal de que la placenta ya se ha desprendido de manera definitiva.

 

Riesgos y posibles complicaciones

 

Cuando se prolonga la fase del alumbramiento por encima de los 30 minutos, el riesgo de hemorragia post parto aumenta. Los factores de riesgo para que se produzca este problema son la retención de la placenta, desgarros vaginales o, en la mayoría de los casos, atonía uterina, es decir, pérdida de tono muscular en la zona del útero.

 

Algunos especialistas indican que el alumbramiento natural, siempre que la producción de oxitocina por parte de la madre sea óptima, es el más indicado, ya que un alumbramiento dirigido, con la administración exógena de oxitocina o calmantes-sedantes, puede incrementar el riesgo de lesiones o hemorragias, si bien la relación entre dicha causa y el efecto no es definitiva.

 

Donde sí coinciden los expertos es en la necesidad de que esta etapa esté marcada por un ambiente relajado, tranquilo y sosegado en el que la madre pueda realizar calmada el trabajo de expulsión de membranas, cordón umbilical y placenta y encarar la recuperación postparto inmediata, que comprenderá las dos o tres horas posteriores al alumbramiento.

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