El expulsivo

el expulsivo

El expulsivo es un periodo que forma parte de las fases del parto. En este momento, el cuello del útero ya ha llegado a su periodo máximo de dilatación y el útero se contrae con el objetivo de ayudar al feto a salir al exterior. Una vez que el cuello del útero ha alcanzado los 8 y 10 centímetros, la expulsión del feto es inminente. La constatación de que esta fase final del parto ha tenido lugar es más bien física, a partir de contracciones involuntarias. Sin embargo, mediante el tacto vaginal se puede confirmar si la cabecita del bebé ya ha superado el cuello del útero para comenzar a salir por la zona pélvica.

 

Un proceso reflejo

 

Aquí empiezan a producirse los ‘empujones’ de la madre orientados a facilitar la salida del pequeño o la pequeña. Éstos son actos reflejos, primarios y naturales, que la madre desarrolla por la propia presión que ejerce la cabeza del pequeño o la pequeña en el suelo pélvico materno. Como recordarás, en varias ocasiones te hemos hablado de los ejercicios de Kegel para reforzar esta zona. El trabajo para el expulsivo es uno de los que más se beneficia de que hayas desarrollado una rutina eficaz y periódica de estos ejercicios en los meses previos.

 

Y es que los empujones de la madre han de ser rítmicos pero intensos, prolongados pero armónicos, dejando un suficiente descanso entre ellos de manera que la madre no sufra ningún tipo de problema debido al agotamiento.

 

La fase activa del expulsivo viene marcada por una presión intensa que experimenta la madre en la zona rectal, parecida en naturaleza a la que se siente cuando se precisa defecar, pero mucho más intensa. Es importante que el desencadenamiento de la fase activa no se fuerce y que sea, en este sentido, la mamá la que marque su comienzo y desarrollo a partir de sus sensaciones.

 

Si no hay anestesia de por medio, la mujer controla mejor sus sensaciones y es capaz de dirigir ella misma el parto a partir de sus ritmos naturales. Cuando la cabeza del bebé esté saliendo, es importante que la madre no empuje de manera fuerte. Hay que proteger la cabecita del pequeño de cara a que las diferencias de presión entre el interior del vientre materno y el exterior no le produzca ningún daño. Una vez liberados los hombros, la madre empuja con firmeza, pero de manera prolongada, para que el tronco y las caderas del bebé salgan al exterior.

 

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