Pros y contras del parto en el agua

parto en el agua

El parto en el agua no es una modalidad muy extendida en España, probablemente por el desconocimiento que existe acerca de esta práctica. Es una opción que ofrecen pocos hospitales públicos, por lo que, si se desea dar a luz dentro de una bañera, es necesario preguntar en el centro médico correspondiente. Algunos permiten realizar la dilatación en el medio acuático, pero no el expulsivo. Los beneficios de sumergirse durante las contracciones están comprobados. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que la inmersión en agua caliente rebaja el dolor y permite que la madre pueda relajarse.

 

Otra ventaja de dilatar en el agua es que el periné experimenta menos desgarros. Esto se debe a que el agua caliente relaja los tejidos, que ganan en elasticidad. Además, el cuerpo pesa menos en este medio. De esta manera, la madre puede moverse con mayor facilidad y, por lo tanto cambiar de posición. Algo que facilita el trabajo al bebé a la hora de colocarse en la forma adecuada para salir al mundo.

 

Menos estrés para el bebé

 

Si también se lleva a cabo el expulsivo dentro de la bañera, el niño sufrirá menos ansiedad al abandonar el útero de su madre. La explicación está en que pasa de estar sumergido en líquido amniótico, a temperatura corporal, a otro medio líquido que está a unos grados centígrados similares. El momento indicado para entrar en la bañera es cuando la dilatación sea activa y la mujer haya dilatado entre cuatro y cinco centímetros. Si accede al recipiente antes de tiempo, aumenta el riesgo de que las contracciones se produzcan más lentamente.

 

La mayoría de los ginecólogos y obstetras coinciden en que la dilatación dentro de una bañera es positiva. Pero no existe el mismo consenso acerca del momento de recibir al niño. Algunos especialistas consideran que, dentro del agua, hay más posibilidades de que sufran infecciones la madre o el bebé, en especial, si se han roto membranas. También opinan que puede generar problemas de regulación de la temperatura del pequeño, aspiración de agua, convulsiones e, incluso, asfixia.

 

En principio, cualquier mujer con un embarazo sin complicaciones puede optar por esta modalidad. Se descarta en aquellas embarazadas de gemelos, si el niño está en posición podálica (sentado) y en los partos prematuros. Por otro lado, la expulsión de la placenta es recomendable que se produzca fuera del agua para evitar el riesgo de embolias.

 

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